de amenazarlo como afirmó, además daba una entrevista a El Nuevo Herald en la que decía que sentía haber dañado a la comunidad cubana de Miami (no ha sido sólo a la de Miami a la que ha ofendido, ha sido a la del mundo), y también se presentaba en un concierto en Nueva York “arropado”, acuñó la prensa, de cantantes que lo apoyaron, defendieron, y resguardaron ¿de quiénes? De nosotros ¡faltaría más! De los malos de la película, de”los verdugos”, del exilio histérico, etc. ¡Qué indecencia! Así que él va a cantarle a una dictadura que ha asesinado vilmente a cientos de miles de inocentes, ha metido en la cárcel a otros tantos de miles, ha expulsado al exilio al veinte por ciento de la población, usa la pena de muerte cada vez que le sale de las verijas, para colmo, el concierto se lo organizan y amparan dos desalmados que firmaron una carta de apoyo a la pena de muerte contra tres jóvenes negros que sólo intentaban irse de ese país de basura, y ahora resulta que Juanes es la víctima del exilio y nosotros los verdugos. ¡Qué descaro tan insoportable!
Entonces le vi las cejas a Juanes, tiene las mismas cejas de Zapatero y que las de Obama; las mismas que las de Castro. Entonces me di cuenta que Juanes es otro de los que ha salido con el cuchillo entre los dientes, pagado por Havana Club, el ron castrista robado a Bacardí; Juanes es otro hombre nuevo, de los fabricados fuera, alfabetizado por las necias canciones de Silvio, los discursos del Ché y de Fidel que tanto alabó en un periódico mexicano. Juanes es de la misma estirpe de esa mujer nueva y de ese hombre nuevo cubanos, que salen de Cuba, no
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