Alan Mozes /Reportero de Healthday
JUEVES, 2 de junio (HealthDay News/HolaDoctor) Según una investigación reciente, los niños pequeños de padres divorciados no solo son más propensos a sufrir de ansiedad, soledad, baja autoestima y tristeza, sino que también experimentan contratiempos duraderos en las habilidades interpersonales y los puntajes en las pruebas de matemáticas.
El estudio reveló que, en comparación con sus compañeros, los niños no se rezagan en estas áreas durante el período potencialmente problemático previo al divorcio de sus padres. En su lugar, es después de la separación que los niños parecen tener mayores dificultades para arreglárselas.
"Algo sorprendente, los niños de padres divorciados no experimentan contratiempos perjudiciales en el período previo al divorcio", apuntó el autor del estudio, Hyun Sik Kim, candidato a doctor del departamento de sociología de University of Wisconsin-Madison. "Sin embargo, de la etapa del divorcio en adelante, los niños de padres divorciados se rezagan en los puntajes de las pruebas de matemáticas y en las habilidades sociales interpersonales".
"Los niños de padres divorciados también muestran un riesgo acentuado de interiorizar conductas problemáticas caracterizadas por la ansiedad, la soledad, la baja autoestima y la tristeza", comentó Kim.
Si bien los efectos negativos no continúan empeorando varios años después del divorcio, "tampoco hay señales de que los niños de padres divorciados se nivelen con sus contrapartes", agregó.
El estudio aparece publicado en la edición de junio de American Sociological Review.
En el estudio, Kim analizó cómo las consecuencias del divorcio podrían perjudicar el desarrollo infantil.
Es posible que los niños se estresen por un juego continuo en que los padres se culpan o por conflictos de custodia de menores. Este estrés podría agravarse por la pérdida de la estabilidad cuando un niño debe ir y venir entre hogares diferentes o debe trasladarse a otra región, con lo que pierde el contacto con su red original de amigos.
De hecho, Kim observó un cambio radical en la ubicación de las familias, lo que sugiere que los niños de padres divorciados tenían más probabilidades de cambiar de colegio.
La depresión relacionada con el divorcio de los padres también podría desempeñar una función, al igual que las tensiones económicas cuando los ingresos familiares merman de repente, comentó.
En esta investigación, Kim analizó datos del Estudio Longitudinal de la Primera Infancia (Early Childhood Longitudinal Study) sobre 3,600 niños que entraron al jardín de infantes en el 2008.
A los niños se les dio seguimiento hasta el
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