Connie Colmenares holamigos@bellsouth.net
En medio de los cuadros que cuelgan de las paredes de su estudio, y sus esculturas, entrevistamos al pintor dominicano Vicente Fabre. No nos resultó difícil adivinar que es un fanático de la música clásica porque toda su obra desborda instrumentos musicales, violinistas, flautistas y cuartetos para música de cámara. Cuando repasamos las figuras que se exhiben en su obra, vemos que el trompetista o el hombre del contrabajo son verdaderos virtuosos que parecen llenar el ambiente con una sinfonía de Stravinski o un adagio de Mahler. Y es que durante años, Fabre ha pintado músicos, con recias pinceladas y acentos fuertes de color y sobre todo con ese rasgo tan humano que caracteriza toda su obra.
Se habla de que Fabre se inspira en el equilibrio del universo y eso lo trae desde aquellas épocas de su adolescencia cuando pintaba con furor en la Escuela de Bellas Artes de la Vega, su ciudad natal, y en donde estudió con Elías Delgado y Mario Lockward, por allá, en los años sesenta. Pronto el apasionado estudiante se convirtió en maestro y allí permaneció durante muchos años, antes de que hubiera querido salir de su tierra e irse a Nueva York y decidiera luego radicarse en Miami. Antes de salir de La Vega, Fabre expuso mucho y obtuvo laureles, el primero otorgado por E León Jiménez en donde recibió el segundo premio de escultura con la obra “Fantasía Indígena”.
Es en 1989, cuando se mete de lleno en el tema circense, entonces los acrílicos se llenan de acrobacias. Su “Fantasía de Circo” hace su entrada en la galería Chuck Levitan Soho y de su paleta brotan trapecios, malabares , acrobacias con danza y titiriteros que manejan los hilos de la marioneta. Sobra decir que el color es brillante y ocupa la mirada del espectador, al decir de Luis Leonor “Las pinturas de Fabre se inscriben dentro de una propuesta humanista, nada está en conflicto, cada pincelada, cada color, ocupa el lugar exacto para definir algún detalle o simplemente sugerirlo”.
En 1991 Fabre, decide trasladarse a Miami donde trabaja con pasión y sin descanso. Su obra es prolífica, muchas galerías y museos del Sur de la Florida son testigos de su trabajo (pintor, ceramista y escultor). El 1997 participa en la colectiva del Consulado Dominicano en Nueva York y en 1998 en la colectiva Fundación
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