y una tumba en La Habana del soldado oriental que fue Maceo; el Parque de Máximo Gómez donde vive a caballo el Chino Viejo, y el cañonazo de las nueve, que sacaba a los novios del éxtasis del beso.
Cuando yo vuelva a Cuba, quiero que me devuelvan, por ejemplo, la esbeltez linajuda de mis palmas, - vírgenes sin destierro -.
Y los verdes gigantes en cuclillas de mis mogotes pinareños.
Y los ríos, música mojada, sinsontes amarrados a los cauces inquietos, y los lagos, donde las truchas herían el paisaje saltando hacia el almuerzo..
Cuando yo vuelva a Cuba, quiero que me devuelvan, por ejemplo, hasta la Ciénaga de Zapata, que aunque era improductiva, era mi suelo; los tinajones rigurosos de un Camagüey agrícola, señorial y alfarero.
Algo más quiero que me devuelvan: aquel rezo que nunca le escuchó la Virgen oriental a mi rebelde juventud de ciego.
Cuando yo vuelva a Cuba, quiero que me devuelvan, por ejemplo, la historia real de los antepasados que le hicieron una patria de azúcar y de acero.
Será el orgullo de mis hijos, la complacencia, acaso, de mis nietos, y la risa criolla de mi Magda llenará los arcones del ancestro.
Sí, cuando vuelva a Cuba, quiero que me devuelvan todo eso, y además, otra tierra que no es mía aunque yo soy su dueño.
Es un latifundio microscópico que sufre en el tendón de mis recuerdos: una cruz de madera: y más de medio siglo de silencio, donde está vivo el polvo abandonado de mis padres ya desaparecidos del planeta y que viven en mi recuerdo..
Cuba....
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Ana R
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